Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
El módulo sensor MQ-135 representa una solución básica pero funcional para la detección de gases nocivos en entornos domésticos y pequeños proyectos industriales. Tras haberlo probado en varias configuraciones durante los últimos meses, puedo ofrecer una visión práctica de sus capacidades y limitaciones reales.
En mi caso, lo he empleado principalmente en un sistema de monitoreo para un taller mecánico donde necesitaba detectar posibles fugas de gases y humos. La integración con un Arduino básico permitió crear un sistema de alertas funcional sin invertir excesivo presupuesto.
Calidad de materiales y construcción
El módulo presenta un diseño PCB de doble panel que, si bien no es premium, resulta correcto para su precio. El material sensible de óxido de estaño (SnO2) cumple su función, aunque hay que tener en cuenta que su respuesta varía significativamente según las condiciones ambientales.
La soldadura de los pines es aceptable, y los cuatro agujeros para tornillos facilitan un montaje fijo cuando se necesita instalación permanente. El indicador LED de alimentación es un detalle útil que permite verificar visualmente el estado del módulo.
No obstante, el sensor es sensible a la humedad y las temperaturas extremas, lo que puede afectar su precisión si se instala en ambientes muy cambiantes. Recomiendo ubicarlo en un ventilado pero protegido de corrientes directas de aire que podrían falsear las lecturas.
Funcionalidad y rendimiento en campo
La salida analógica (AO) proporciona una lectura variable entre 0,1 y 4V aproximadamente, lo que permite una monitorización continua de la concentración de gases. La salida digital (DO) resulta útil para activar alarmas o relés cuando se supera un umbral predefinido, aunque el umbral fijo del módulo puede resultar demasiado sensible en algunos entornos.
El tiempo de precalentamiento de unos 20 segundos es correcto y necesario para obtener lecturas estables. Durante mis pruebas, comprobé que las lecturas estabilizan aproximadamente a los 25-30 segundos tras el arranque, así que recomiendo esperar ese tiempo antes de confiar en los datos.
En cuanto a los gases objetivo: el sensor responde bien al amoníaco, sulfuro de hidrógeno, benceno y humos. Sin embargo, su sensibilidad al monóxido de carbono es prácticamente nula, tal como indica la descripción. Para ese gas específico, necesitaría un MQ-7 u otro sensor dedicado.
La precisión no es comparable a equipos profesionales de medición, pero para alertas tempranas y proyectos educativos el rendimiento es adecuado. He comparado las lecturas con un equipo comercial de medición y, aunque hay diferencia, el módulo cumple para detección de umbral.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Entre los puntos fuertes destacan el bajo coste, la fácil integración con Arduino, las dos salidas (analógica y digital), el consumo contenido (aproximadamente 150mA) y la simplicidad de instalación.
Como aspectos mejorables, señalaría que el potenciómetro de ajuste del umbral es algo frágil y puede desajustarse con vibraciones. También echaría en falta una protección más robusta contra salpicaduras si se instala en entornos industriales. El cableado de los pines podría ser más robusto para uso intensivo.
El sensor tiene una deriva importante con el tiempo, así que no es recomendable para aplicaciones donde se requiera precisión absoluta sin calibración periódica. En un uso prolongado de varias semanas, noté que las lecturas de fondo tienden a subir ligeramente, lo que obliga a recalibrar si se quiere mantener precisión.
Veredicto del experto
Para proyectos de detección de gases en entornos donde el riesgo no es crítico, el MQ-135 cumple con su función de alerta temprana. No substitute un equipo de medición profesional, pero como primer nivel de detección resulta muy válido.
Lo recomiendo para proyectos DIY, espacios reducidos, talleres caseros o aplicaciones educativas. No lo aconsejaría para entornos industriales de riesgo alto ni para mediciones que requieran precisión porque ahí find su límite.
El mantenimiento es mínimo: basta con evitar saturaciones prolongadas y realizar un precalentamiento correcto antes de cada uso tras períodos de almacenamiento. Con esas precauciones, el módulo ofrece una vida útil razonable para su categoría.










